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[Domingo, 25feb] Jornadas: Mujeres y Salud

 

Desde hace siglos, las mujeres hemos visto cómo nuestros cuerpos han sido violados, maltratados y colonizados por parte de distintos tipos de profesionales, todo “por nuestro propio bien”.
Nuestra salud ha sido puesta al servicio de una visión masculina y binómica del mundo y, cuando no servía para tal objetivo, ha sido completamente ignorada y menospreciada.

Cansadas de que se nos imponga un modelo estándar y patriarcal de enfermedad y salud, y de vernos obligadas a cumplir los parámetros impuestos y misóginos de lo que se supone que deberíamos ser, necesitamos reapropiarnos de nuestros cuerpos y nuestras vidas, que son múltiples y diversos, desde lo colectivo.

Por ello, desde Mujeres Libres Madrid organizamos estas jornadas esperando que sea un productivo encuentro para la autoformación. El domingo 25 de febrero, ¡¡nos vemos en la 13-14!! [c/ Párroco don Emilio Franco, 59 <M> Nuenva Numancia]

12h
Mujeres y diversidad

14h
Comedor vegano

16h
Violencia ginecológica y obstétrica

18h
La transformación feminista del derecho a la salud: hablamos sobre endometriosis

 

De acciones y reacciones, violencia machista e inacciones

..la violencia simbólica, violencia amortiguada, insensible, e invisible para sus propias víctimas, que se ejerce esencialmente a través de los caminos puramente simbólicos de la comunicación y del conocimiento o, más exactamente, del desconocimiento, del reconocimiento o, en último término, del sentimiento.
La dominación masculina, Bourdieu

El mantenimiento de las estructuras patriarcales dentro de nuestras relaciones nos plantea desde hace tiempo problemas que deberían incumbir no solo a las feministas, sino a cualquiera que pretenda estar luchando contra toda autoridad.

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Reconstrucción comunista y su machista gestión de una agresión

autodefensa

“El motivo de este escrito es comunicar públicamente la reacción y gestión por parte de la organización Reconstrucción Comunista ante mi denuncia de haber sufrido malos tratos por parte de uno de sus militantes.
Dicho militante y yo mantuvimos una relación hasta que él se fue de voluntario al extranjero, tras lo que comencé a analizar la misma junto con gente de mi entorno y también de mi colectivo feminista, encontrando actitudes de maltrato.
Puesto que estaba fuera, y no podía comunicarme con él, decidí esperar a su vuelta para tratarlo, poder transmitirle dichas actitudes que había tenido y acabar formalmente con la relación.
Finalmente, cuando llegó y nos vimos, lo primero que dijo fue que había gente manipulándome para dejarle y para que actuase contra él, diciendo “que si me había follado a otros”; dando con esto por hecho que si yo quería romper la relación no podía ser por mi voluntad propia, sino bajo la influencia de terceras personas del entorno de ambos de las que me daba nombres. En el momento entendí que alguien había hablado con él previamente, dándole información que no era cierta y queriendo involucrar a terceras personas que no tenían que ver con mi decisión.
Tras ver su actitud y que no podría hablar con él directamente sobre el tema, hablo con una amiga que lo pone en conocimiento de un miembro del comité central de la organización del agresor para ver cómo solucionarlo. Esta persona, a su vez, lo pone en conocimiento del Secretario General de RC, quien a pesar de tener una relación personal conmigo, y considerarme una persona de total confianza, en ningún momento se pone en contacto conmigo ni se preocupa por la situación. Lo mismo sucede con el resto de militantes con los que yo tenía contacto, incluso relación de amistad, los cuales me dejan de hablar e incluso me eliminan de redes sociales.
Mi intención, en todo momento, era tratar el asunto de una manera didáctica y pedagógica, para que él analizase sus conductas, hiciera autocrítica y no volviese a repetirlas con futuras parejas, como lo manifesté en todo momento con las personas con las que traté el tema.
Tras esto, se pone en contacto conmigo la responsable de género de RC con la intención de solucionar el conflicto, trabajándolo ella misma con el agresor. Le informo de que mi idea, a priori, no era sacar un comunicado: tras esto no vuelve a abordar el tema hasta que una semana después, observando la pasividad, personas cercanas a mí y yo misma insistimos en saber cómo van a tratar finalmente el asunto y qué van a hacer al respecto. Entonces acabó desplazándose al lugar en el que yo me encontraba veraneando para poder hablar en persona sobre las agresiones, las cuales conocía previamente por un documento que yo había redactado y puesto a su disposición, en el que analizaba el maltrato.
Dentro de este maltrato destacan: el chantaje y la presión para conseguir lo que quería, como cerrar la relación; la inutilización continua y el control de mi persona, paternalismo, invasión de mis espacios personales y políticos, aislamiento de mis círculos; violencia indirecta como medio para intimidarme en las discusiones, amenazarme con agredir a amigos míos si seguía teniendo relación con ellos, intentar obligarme a acudir a eventos políticos que él consideraba que eran importantes, celos enfermizos que se materializaban en ataques y broncas, acaparamiento de mi espacio y tiempo a través de la presión y el chantaje, menospreciarme delante de terceras personas, infantilizándome e insultándome, incitando a terceras personas a intervenir en nuestros conflictos; intentar anular completamente mi persona para que lo único que me quedara fuera él, o presiones para tener relaciones sexuales en situaciones en las que yo le había dicho que no o incluso estaba dormida.
Leído este documento, ella misma admitió, se plasmaban situaciones más complejas de las que se esperaba, de las cuales algunas ya se las había comentado al agresor antes de este viaje, admitiendo el propio agresor que las había llevado a cabo.
Al finalizar el encuentro ella me dice que se va a reunir con el agresor, con el objetivo no solo de trabajarlo, sino también de que éste redacte una autocrítica pública tanto a mí como a la militancia de su partido; haciendo hincapié en que ella misma se aseguraría de que nadie iba a atacarme a raíz de esto, y que el propio agresor estaba dispuesto a trabajarlo. Y que también el Secretario General realizaría otra autocrítica por la mala gestión, por intentar obviar el tema y no haberse puesto en contacto conmigo.

Después de casi un mes sin noticias ni de ella ni de la autocrítica, vuelvo a escribirle para preguntar qué pasa. A lo que me responde que ya lo habían hablado y que me mandarían la autocrítica. Pasa otro mes, yo ya vuelvo de mis vacaciones, y al encontrarme con la gente empiezo a enterarme de todo lo que había sucedido en Madrid en relación a mi denuncia de agresión. Es entonces cuando me entero, a raíz de personas que en ese momento eran miembros de RC, de cómo se está tratando el tema dentro de la organización: el propio agresor va contando que todo lo que digo es mentira, que soy yo la que le maltrataba a él, que soy una loca celosa…A su vez, el Secretario General habla del tema quitándole importancia, diciendo que yo era una bocazas, que yo era la que maltrataba al agresor, que había que pasar de mí, entre otras lindezas. Es al agresor a quien se manda a hablar con la militancia para contarle su versión, dándole una posición privilegiada por las circunstancias de su vuelta, ya que estaba “inestable y desquiciado” en palabras de gente de su propia organización, permitiéndole así ponerme en duda, atacarme y dejarme a mí de maltratadora, cosa que me habían asegurado que no iba a pasar. Demostraba así que no se estaba haciendo ningún trabajo con él ni consiguiendo ninguna autocrítica real por su parte. El propio Secretario General de JGB (juventudes de RC), al explicar a su célula la marcha de un miembro del Comité Central de RC (por la mala gestión de los temas de género, entre ellos mi caso), les dice que mi denuncia de maltrato “son polladas”, tonterías que no valían para nada y añadiendo que le habían enseñado el documento en el que relato las agresiones a un colectivo feminista (Patriarcado Criminal) y que habían dicho que no era nada. Cosa que por supuesto pregunté al colectivo y era mentira. En otra reunión de JGB para tratar el mismo tema, a petición de militantes, de nuevo la dirección política dice que son cosas de pareja, que lo que teníamos era una relación difícil y que éramos los dos, que lo que yo contaba no eran agresiones, que había exagerado porque me estaban manipulando terceras personas y que no había que darle importancia al asunto.
Tras enterarme de esto, vuelvo a escribir a la responsable de gestionar el conflicto, diciendo que dado que la autocrítica obviamente no iba a existir y me había enterado de cómo se estaba gestionando realmente, decidía romper el contacto, y que a partir de ahí cada cual actuara respecto al asunto conforme creyera conveniente.
A día de hoy, el agresor y su actual pareja se encuentran fuera del colectivo por voluntad propia y razones completamente ajenas a lo aquí relatado, hecho que la organización intentó utilizar como método de limpieza de imagen llamando personalmente a la agredida para contarla que se había expulsado a su agresor de RC por negarse a trabajar sus actitudes machistas y negarse también a hacer autocrítica, la cual supuestamente según decía RC para justificarse se llevaba haciendo desde que se comunicó el asunto a la organización, lo que se contradice demostrando que realmente no se había producido ningún trabajo con el agresor.
Puesto que he visto que a pesar de intentar solucionarlo por buenos cauces se me ha atacado tanto por parte del agresor como de responsables políticos de su organización, tomé la determinación de poner en conocimiento público las actuaciones de dicha organización mediante este documento, con el objetivo de aclarar cuál era la situación real, y que se dejasen de verter bulos falsos sobre mi persona, y terminar con la supuesta manipulación por terceras personas a la que me estoy viendo sometida, manipulación más que claramente falsa, y utilizada únicamente para desacreditar a las personas que me han dado apoyo en el proceso, y a mí misma como agredida.”

Desde Mujeres Libres, colectivo del que forma parte la agredida, no vamos a tolerar en nuestros entornos actitudes machistas, agresores ni defensores de éstos. La solidaridad no es sólo palabra escrita y la coherencia no son unos galones de los que alardear: reconocer la existencia de una agresión implica tomar cartas en el asunto, lo cual conlleva que la autodefensa y el apoyo a la compañera deben convertirse en una prioridad.
Contra el patriarcado: ¡acción directa!

Para adherirse al comunicado, mandar un email a mujereslibres.madrid@inventati.org o escribir un mensaje a cualquiera de nuestras redes sociales.

Colectivos que se adhieren al comunicado:

Asamblea Feminista Panteras
Brigada 13 de Noviembre
Manada Insumisa
Brujas Feministas
Asociación de Estudiantes de Derecho de la UAM
Akelarre Feminista
Mujeres Libres Guadalajara
Asociación Manuela Malasaña de la UAM
BAE UAM
BAE CIU
Asociación Frida Kahlo de la UCM
Comité 1-20 de Alcobendas
Colectivo 607 en Lucha (Tres Cantos)
Colectivo Distrito 14
Colectivo Vicálvaro Resiste
Asamblea Juvenil Vallekas 16
Asociación La Resistencia de Caminos, UCM
Asamblea Libertaria de la facultad de Geografía e Historia, UCM
Colectivo Feminista 13 rosas
Distribuidora Peligrosidad Social
Asociación UHP de la facultad de Geografía e Historia, UCM
Asamblea Letras Feministas, UCM
Colectivo Espora Negra del 76
Coordinadora Antifascista de Madrid
Asociación Doble Hélice de la UAM
Anarcofeministes Mallorca
La caverna – Filosofía (UCM)
Aradia Feminismo
Scum Girls Madrid
Colectivo Feminista Sestras de Murcia
Colectivo Cuerpos Empoderados
Colectivo Arganzuela 27
Asamblea Feminista La Caracola
Prospe16
Dona En Lluita
Asamblea 13D – Estepona
Colectivo Algarbia Costa
Grupo Anarquista Ai Ferri Corti – Sevilla
Coordinadora Antifascista Onze d’Abril – València
Colectivo Revuelta Violeta – Valencia

Texto repartido en la mani del 7N

Como muchas pudisteis ver, Mujeres Libres Madrid acudimos a la manifestación del 7 de noviembre, convocada contra la violencia machista, dentro del bloque autónomo. A continuación os dejamos el texto repartido:

“Porque las herramientas del amo nunca desmontan la casa del amo. Quizá nos permitan obtener una victoria pasajera siguiendo sus reglas del juego, pero nunca nos valdrán para efectuar un auténtico cambio. Y esto sólo resulta amenazador para aquellas mujeres que siguen considerando que la casa del amo es su única fuente de apoyo”
-Audre Lorde-

Como todas vosotras, hoy (7 de noviembre) estamos aquí para hacer pública nuestra repulsa contra la lacra social y abominable expresión de autoridad/poder que es la violencia machista.

No cabe ninguna duda de que las violencias machistas son la manifestación más violenta de la discriminación de género y que una situación de desigualdad tan feroz debe ser atajada con la mayor contundencia. Como anarquistas, no todos los medios utilizados en esta lucha nos agradan y nos son útiles, ya que los medios deben ser acordes con el fin que perseguimos que no es otro que la destrucción del patriarcado, el estado y toda forma de autoridad.

Como bien indica Audre Lorde “las herramientas del amo nunca desmontan la casa del amo”, esto es, no podemos pretender acabar con el patriarcado uniéndonos a el en sus diversas expresiones: instituciones, legislaciones, sistema judicial y fuerzas del orden. En complicidad con el Estado podemos conseguir reformas, sí, pero serán parches pasajeros dependientes de la voluntad de los gobiernos, no serán verdaderos cambios profundos que permitan de una vez por todas acabar con la situación de dominación que hemos vivido las mujeres y ni mucho menos conseguiremos ser dueñas de nuestras vidas sin tutelajes. Cambiar el tutelaje del varón concreto (pareja, padre, hermano, etc.) por el tutelaje del Estado (instituciones, legislación y fuerzas del orden) no nos hará más libres, pero sí nos hará más débiles pensado, equivocadamente, que ya hemos conseguido nuestro fin porque el gobierno de turno nos ha “escuchado” y nos ha subvencionado.

Por lo tanto, la idea de un pacto de estado contra las violencias machistas nos parece errar en el objetivo final, creemos que las mujeres, lxs trans y toda persona oprimida por el patriarcado poseemos la potencia suficiente para que nuestro bienestar no dependa del propio sistema que nos oprime y nos violenta.

Desde Mujeres Libres creemos profundamente que la única manera de alcanzar la libertad es desde la libre asociación, la solidaridad y el apoyo mutuo.

Frente a sus leyes, su control, su homogeneidad y sus policías:
SOLIDARIDAD, APOYO MUTUO, ACCIÓN DIRECTA Y AUTODEFENSA.

¡CONTRA EL ESTADO, EL PATRIARCADO Y TODA AUTORIDAD!
MUJERES LIBRES MADRID
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Papá Estado, permítenos abortar

 

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El médico te intenta mandar ácido fólico y no sé qué más. Ahí te toca insistir: “Quiero abortar”, así que te deriva a la trabajadora social del centro de salud, que llama a su clínica privada de confianza (sin explicarte las diferencias entre ellas, como por ejemplo la costumbre de sedar completamente o no) y charla un rato con la secretaría de la clínica, le pregunta cuánto cuesta la vasectomía de su marido, etc. Después de toda la mañana en el centro de salud, te vas a casa con una cita en la clínica en la que vas a abortar (privada, insisto). De Carabanchel te desplazas a la parada de metro Francos Rodríguez (donde se encuentra una de las clínicas, la clínica Isadora), sin hacer pis en toda la mañana, rellenas muchos formularios y te hacen una ecografía. Te hacen firmar muchos papeles asegurando que te han dado toda la información respecto a las “opciones para tener al bebé” (que por lo menos te dan en un sobre cerrado). El aborto es para este sistema la última alternativa: no es una decisión libre basada en lo que queremos o no, o podemos o no, hacer con nuestra vida; es un constante mal a evitar (en un sentido moral totalmente religioso).
Como es un servicio subvencionado, NO libre y gratuito, todas tenemos que ir a metro Bilbao, a pedirle a papá Estado que nos deje abortar, ya que no tenemos 500 y pico euros para pagárnoslo. La funcionaria de turno nos enseña la ecografía que en la clínica abortiva habían cuidado que no viéramos. Tras este chantaje emocional para el que nos han condicionado socialmente mediante millones de imágenes de futuras mamás llorando de felicidad viendo…pues viendo no sabemos muy bien qué porque no se distingue nada, nos dicen cuándo nacería el futuro bebé (debe ser un criterio médico que desconocemos en nuestra ignorancia infinita) y nos pide que, como en si fuéramos nuestras propias abogadas en un juicio, la convenzamos de que no somos unas “niñatas irresponsables”, sino que algo ha pasado con nuestro método anticonceptivo. Todo esto para sellarnos un maldito papel que nos permite abortar “libre y gratuitamente”.
Tras tres días de supuesta reflexión, obligada por ley, porque al fin y al cabo a ojos del Estado vivimos en una eterna minoría de edad y no sabemos bien lo que hacemos, llega el día. Sin comer desde la noche antes, sin hacer pis en toda la mañana y antes de las ocho de la mañana con el metro en hora punta te haces el recorrido por todo Madrid. Cuando te toca entrar, te trasladan a una pequeña habitación con otras dos mujeres. Tres camas, tres mujeres, tres taquillas. Nos desnudamos todas, nos ponemos la bata y metemos todas nuestras cosas en la taquilla que tenemos que cerrar con una llave que nos colgamos en la muñeca: ya no sabemos si estamos en una clínica o en una piscina municipal.
Así que nos van llevando a quirófano de una a una en la camilla. En quirófano subimos las piernas al potro, nos las atan y nos sedan hasta que nos dormimos. Despertamos otra vez en la sala anterior. Dos camas, dos mujeres, tres taquillas. Mientras nos vamos despertando traen a una, se llevan a la otra. Si tienes mala suerte y tienes la tensión baja, o el azúcar bajo o te sueles marear, puede ser que te encuentres muy mareada tras la sedación y que quizá te den nauseas. Entonces estarás encerrada en El Proceso de Kafka: te informarán de que te pueden dar ni agua para combatir el mareo hasta que no dejes de estar mareada y te puedas vestir y pasar a otra sala. Por supuesto, el poder lavarse las manos legalmente y a la vez tener un proceso eficiente, casi fordista, de abortos para poder sacar más dinero, pesa mucho más que ningún criterio médico.
Así que no sabes si es mejor mentir, firmar que te encuentras bien y salir ya de allí para comer algo arriesgándote a que, si te pasa algo, encima tengas tú la culpa legalmente, o quedarte allí encontrándote mal sabiendo que necesitas comer algo y que tu gente está arriba sin que le informen de nada y viendo que el tiempo pasa más de lo demás. Sobre ti recaen los efectos negativos y la culpa. Firmas, te dan agua y caramelos. Sales de allí como puedes, desayunas, a lo mejor vomitas, y te vas a casa pensando qué ha pasado exactamente.
Lo que ha pasado exactamente es violencia machista. La autoridad genera distintos tipos de violencia para mantener el orden establecido. Violencia sexual- que también incluye que nos impiden tomar decisiones sobre nuestra reproducción (tener hijxs, no tenerlxs o cuándo), violencia física, violencia obstétrica, violencia psicológica…y todo ello mantenido mediante una violencia simbólica que es el sistema jerárquico y autoritario mismo: nos impone direcciones únicas, direcciones prohibidas, recorridos marcados. Es la violencia simbólica, una violencia que nos constituye, que construye nuestra forma de razonamiento y nuestro sentido común, nuestras prácticas y nuestro discurso y pensamiento.
Si además eres menor de edad según la ley, peor que peor, la autoridad patriarcal del Estado traspasa tus decisiones a la autoridad patriarcal de la familia: como si alguien tuviera el derecho a marcar, no sólo nuestro presente como menores de edad según la ley, sino nuestro futuro.

Poner por encima una hipotética vida humana frente a nuestra vida de hecho nos deshumaniza, nos hace vasijas al servicio de distintas autoridades e intereses patriarcales. Para ello, distintas instituciones autoritarias se unen demostrando que detrás del patriarcado hay jugosos intereses para muchos, ya sean económicos, de legitimidad, simbólicos, sociales, relacionales, etc.

Seguimos en la lucha contra el patriarcado y todo tipo de autoridad.

¡¡Aborto ilegal, violencia estatal!!

¡¡Viva la anarquía!!

¿Quién teme al anarcofeminismo?

ni ama ni esclava

¿Quién teme al anarcofeminismo?

Movimiento libertario, feminismo y violencia machista

Feminazis, hembristas, bolleras resentidas, vosotras no sois libertarias, vosotras no mereceis llamaros anarquistas…

Parece que corren malos tiempos en el Movimiento Libertario para ser anarcofeminista y luchar contra toda forma de autoridad. Parece que muchos compañeros anarquistas o bien están en pañales en cuanto al análisis del sistema jerárquico en el que vivimos o bien tienen mucho interés en proteger un estatus privilegiado, una jerarquía que les beneficie a ellos, dentro del propio Movimiento Libertario. Frente a unos principios jerárquicos de visión y división social como es el el sistema patriarcal en el que crecemos, nos socializamos y vivimos, se contraponen términos acuñados por la derecha casposa (como feminazi) o conceptos que existen como mucho en el ideario de alguna (como hembrista) pero desde luego no como estructura social de dominación.

Una afirmación de tal magnitud como es “el hembrismo como fenómeno social mata más y más lentamente que el machismo” denota una falta de conocimiento, de sensibilidad y de coherencia, más cercana a la actitud de un fascista que a la de una persona libertaria que lucha contra toda autoridad. Alegar que un SUPUESTO sistema hembrista es comparable o, incluso, peor que el sistema EXISTENTE patriarcal es sangrante e insultante, más si cabe, cuando nos despertamos a diario con terribles noticias de asesinatos machistas, noticias que no recogen ni la punta del iceberg de lo que supone para nosotras la violencia de género. El término de violencia machista engloba, no sólo la violencia que ocurre en el ámbito de la pareja o ex pareja, sino que va más allá, reconociendo como múltiples las violencias que viven las mujeres por el hecho de ser mujeres pero también las que vive todo ser que no responda a la categoría de “hombre adulto occidental heterosexual”.

La violencia machista es una violencia estructural/sistémica basada en la arbitraria división de la sociedad en dos sectores según un rasgo físico elegido aleatoriamente, en este caso, el sexo (siendo el género su supuesta traducción psicocosial). Esta división sexual estructura nuestra sociedad, nuestros esquemas cognitivos de percepción y apreciación y nuestras relaciones convirtiéndolas en relaciones de poder. El patriarcado hace viable otras formas de dominación como el Estado o el Capital al normalizar una primera jerarquía (en el orden cognitivo, sin entrar en la discusión historiográfica) y al naturalizar, es decir, al hacernos creer como algo natural, instintivo e innato, dos esferas opuestas y jerarquizadas: lo público y lo privado, el trabajo asalariado y la vida/el hogar/los cuidados. Cada una de estas oposiciones es un apoyo e incluso una extensión de la oposición entre lo masculino y lo femenino, que hace que el sistema jerárquico, cuya condición de posibilidad es que algunas cosas tengan más valor que otras (lo masculino y público frente a lo femenino y privado), quede inscrito en nuestro mismo cuerpo, el cual ese mismo sistema ha manipulado, transformado y estigmatizado a su antojo. El patriarcado consigue un efecto hipnótico, la cuadratura del círculo: aquellos que resultan privilegiados de la división sexual comienzan a funcionar en base a dicho presupuesto, tomando el resultado de sus acciones como prueba irrefutable de que esta división sexual es natural. Un ejemplo tremendamente obvio es la tan conocida “intuición femenina”: la mujer, relegada a los cuidados, sometida muchas veces al carácter de un novio o de un marido, aprende inevitablemente a adelantarse a las necesidades y los deseos ajenos como forma de perfeccionar los cuidados y de ahorrarse problemas. En cambio, la aprendida intuición femenina se ha tornado muchas veces como la justificación de una sensibilidad, un detallismo o de una forma de pensar diferente de la mujer frente a la del hombre.

Esto no es ignorar la estructura de clases, pero tampoco considerar el feminismo como se suele hacer como un eje transversal a la misma (es decir, interclasista): el patriarcado está en la base misma de la construcción de esas clases. La división entre el hogar y el trabajo asalariado impuesta por el capitalismo (por la separación del lugar de trabajo de la casa, la imposición de unos horarios, la creación de la fábrica, etc.) implica poder asignar un valor a determinada fuerza motriz que pasa a ser considerada fuerza de trabajo y así poder considerarlo mercancía, trabajo asalariado. Esta fragmentación de la vida conlleva la primera división social del trabajo: la casa, la tarea reproductiva y las tareas de cuidados quedan encomendadas a la mujer y tanto estas tareas como ella misma quedan minusvaloradas frente a aquello que genera valor, el trabajo asalariado desempeñado por el hombre. Aunque ambas tareas son igual de necesarias para la vida social, esta última, necesaria para el desarrollo económico, es la que se reviste de valiosa por significar una salida de la cotidianidad del hogar: una salida física de la casa y una ruptura con el continuum del ciclo vital que se ve tan inevitable como la salida del sol, tal y como es la reproducción. Asimismo, la construcción del individuo en el sentido moderno, como único ciudadano, único posible participante de la política, que es considerada un valor racional, excluye por su misma definición lo minusvalorado, lo mundano, la casa (como decíamos, aquello que es tan cotidiano que debe ser obvio), es decir, a la mujer. No es que la mujer no fuera sumisa en muchos sentidos antes del Estado moderno y del capitalismo, sino que su sumisión se basaba en ser la negación de un único sexo: el masculino; es decir, no existía el patriarcado como división sexual de la sociedad, lo cual posibilita el capitalismo y el Estado moderno, sólo se tenía en consideración un sexo y su opuesto como una imperfección (el valor de la mujer era sólo la contención, en cambio el patriarcado le asigna unas tareas en las que se puede ser “buena mujer” como la limpieza, los cuidados, etc.).

No estamos hablando aquí de individuos, sino de estructuras sociales. Tanto como los anarquistas estamos acostumbrados de que los/as ciudadanistas nos vengan a hablar de “empresarios buenos”, sin que entiendan que su supuesta bondad moral no les exime de ser partícipes de una estructura de dominación, estamos las anarcofeministas acostumbradas a que incluso nuestros propios compañeros intenten cuestionar un problema estructural como el patriarcado con ejemplos individuales. Sí, Merkel es muy poderosa y sí, es mujer; no, no es hembrista y no, no es feminista: Merkel no subvierte ningún sistema de dominación. El hecho de que una mujer de clase alta tenga acceso a la política parlamentaria y a ser empresaria no cambia que nuestra sociedad siga estructurada en base a una división sexual que sigue funcionando, porque nunca el patriarcado ha sido algo ajeno a la clase social. Que podamos intuir que a Merkel le limpia la casa una mujer de clase obrera y posiblemente inmigrante, que veamos a nuestro alrededor cómo a Santamaría se la criticara por no dedicarse a las labores de crianza propias del puerperio a tiempo completo, etc., significa que el patriarcado es una cuestión de clase e internacional y que sus categorías siguen funcionando a nivel global.

Si ya son graves estas formas de violencia estructural aun lo son más cuando son compañeros de clase los que ejercen dicha dominación. El caso más evidente es el del obrero, con actitudes de patrón, que ejerce poder y autoridad hacia sus compañeras de lucha y compañeras sentimentales. Para nosotras es  la manifestación más deleznable de la violencia machista, ya que es ejecutada por personas que dedican su vida a acabar con la opresión, eso sí,  con la opresión que ejercen los demás, pero no la que ejercen ellos mismos.

Del mismo modo, no nos deja de resultar problemático la visión de otros muchos compañeros libertarios que tratan el feminismo como una especie de “patata caliente”: la igualdad, el antisexismo o el feminismo como una frase que tiene que estar en sus estatutos o en su propaganda,   pero sólo para que no les estalle nada en la cara. Pretender acabar con el Estado y el Capital pasa por acabar también con el patriarcado: no es una cuestión accesoria ni cuestión personal ni algo que vendrá sólo con la revolución social; es un sistema de dominación que como hemos dicho actúa codo con codo e incluso confundiéndose con la dominación capitalista y estatal, es una cuestión social, y una lucha diaria.

La violencia machista es un instrumento de coerción que, junto con la socialización diferencial, indica el lugar y la posición que las mujeres deben tener dentro del sistema patriarcal, que no es otro que la sumisión y la obediencia. Es el arma que hace que las mujeres no salgan de los márgenes impuestos y se adscriban a una serie de comportamientos que benefician de forma directa al propio sistema de dominación masculino. Esto no significa que el hombre, como ser individual, que agrede a una mujer sea  el cerebro organizador de una conspiración contra la libertad de las mujeres a nivel mundial, pero sí lo es el sistema que lo alienta y lo permite, quedando el hombre violento y machista como  la herramienta fundamental de ejecución de ese sistema (brazo ejecutor), al igual que lo es la policía, las leyes o las instituciones para el Estado.

Que un hombre anarquista sea ese brazo ejecutor, le convierte en nuestro enemigo, del mismo modo que lo son las fuerzas de seguridad del estado, situándole en la misma categoría infame. Deja, por lo tanto, de ser nuestro compañero para convertirse en una fuerza represiva y autoritaria a la que combatir. Y no por eso dejamos de ser anarquistas (aunque muchos nos acuséis mil y una vez de ello): sois vosotros, muchos de nuestros compañeros, los que os empeñáis en ver como luchas contradictorias lo que no es sino una misma lucha, la lucha por la revolución social.

Contra el patriarcado y toda autoridad,

Mujeres Libres Madrid

La moda es la cárcel de todas: Anarcofeminismo o barbarie

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Sólo en la industria textil, entre 2006 y 2009, han sido asesinadas 414 obreras en 213 incendios. Sólo en 2009 y sólo en Bangladesh, fueron 165 las asesinadas. Desde el tristemente famoso incendio ocurrido en una fábrica de Bangladesh el 24 de diciembre de 2012 hasta enero de 2013, es decir, en unos dos meses, ardieron 28 fábricas dejando 541 heridas y 8 muertes.

Son los datos de la globalización de un capitalismo salvaje que lleva miseria y explotación allá donde va. Y patriarcado, por supuesto. El capitalismo es un patriarcado productor de mercancías: todo gira en torno al valor que tengan las mercancías o el trabajo humano, y para que algo tenga valor tienen que existir otras cosas que, en comparación, no lo tengan. Aquello que no tiene valor es la vida, y todas las tareas necesarias para mantenerla: reproducción, cuidados, cariño, etc. Frente a este “gasto de tiempo” en estas tareas curiosamente tan necesarias, se encuentra el beneficio, lo realmente importante: la producción, la política, lo público, aquello que se identifica como el espacio masculino.

Ésta es la lógica de la mercancía que va extendiendo por todo el mundo, que genera discriminación y un plus de explotación sobre las mujeres. En este sector, más del 90% de los trabajadoras son mujeres. Estas mujeres, en países como Camboya, pueden llegar a trabajar 11 horas al día por 50 céntimos la hora, sin la posibilidad de ir al baño ni de moverse. Sus contratos son temporales (de unos tres meses) para no renovarlas si se quedan embarazadas. Si esto ocurre, se ven obligadas a ocultar el embarazo el mayor tiempo posible y cuando lo comunican no se les da ni baja maternal, ni plus salarial, ni se les permite siquiera reducir su jornada laboral, dejar de hacer horas extras o ir al baño. A estas mujeres se les acosa para que abandonen por ellas mismas el trabajo y, si no lo hacen, se les despide igualmente, al igual que si presentan bajas por enfermedad.

La industria textil, asimismo, saca beneficios del tráfico de personas, llegándose a detectar en Brasil más de 30 talleres con mano esclava de personas víctimas del tráfico de personas que vivían en condiciones insalubres y llegando a trabajar 16 horas por 90 euros al mes que deben destinar a pagar a las mafias que trafican con ellos.

Me siento durante once horas al día y es como si las nalgas las tuviera en carne viva. No podemos ir al baño. Tenemos que producir muchos lotes.

La cuota de producción que nos fijaban era de 80 por hora. Pero cuando se aumentó el salario mínimo elevaron nuestra cuota a 90. Si no lo logramos, nos gritan furiosos. Nos dicen que trabajamos con lentitud. Que tenemos que hacer horas extras. Y no podemos negarnos. Somos como esclavos y no trabajadores. Incluso si vamos al servicio, nos llaman para que regresemos. Ni siquiera podemos ir al baño.

Ahora están estudiando cuánto tiempo se tarda en hacer una camiseta. Yo no sé lo que están pensando en H&M pero es muy difícil para los trabajadores… No podemos descansar… Para algunos tipos de camisetas establecen una cuota de dos mil y tenemos que cumplir con ella a diario.

Una de cada cinco de estas mujeres sufren acoso sexual en el trabajo por parte de sus jefes o sus compañeros hombres. Constantes piropos, insinuaciones sexuales, tocamientos e incluso tocamientos bajo la ropa que sienten la necesidad de permitir para que el mecánico de la fábrica les arregle la máquina de coser y puedan seguir trabajando y cobrando: esto es lo que tienen que sufrir estas obreras cada día, a veces desde los 12 años. Muchas de estas mujeres se pusieron en huelga en 2012 exigiendo una solución y escribieron a las marcas internacionales para pedir la revocación de su gerente actual: no se llegó a ningún acuerdo con los abogados de las fábricas, o lo que es lo mismo, los jefes se negaron a erradicar esta práctica porque ellos mismos se benefician de la misma, contratando muchas veces a mujeres jóvenes y guapas para exigirles servicios sexuales en compensación.

Es terrible. A las mujeres verdaderamente no nos gusta. Nunca somos vista como iguales. […] No podemos llevar el número de la de veces que nos silban o nos hacen un guiño.

La mayoría de los representantes sindicales son hombres (como el 75%) y están sometidos a la persecución patronal, cuya práctica común es despedirles si no aceptan sobornos a cambio de someterse a las condiciones de la empresa. A pesar de la existencia de sindicatos, de su denuncia de esta situación y sus exigencias, las marcas internacionales siguen haciendo oídos sordos. Las obreras trabajan normalmente para subcontratas que muchas veces les ocultan la marca para la que trabajan para desarticular así la lucha sindical.

En esto se escudan las empresas occidentales: en el desconocimiento de las condiciones de ciertas subcontratas, a pesar de hacer, según ellas, auditorías externas. Adidas, Inditex, H&M, El Corte Inglés…gigantes empresariales que pueden seguir perfectamente la cadena de producción (sobre todo cuando hay investigadores que así lo hacen) al igual que garantizan la calidad de sus productos. La explotación es la esencia misma del patriarcado: explotar a unas lo máximo posible para conseguir el máximo beneficio posible. La búsqueda constante del dinero, del beneficio, del capital, no ya como forma de enriquecimiento personal sino como esencia tautológica del capitalismo.

Y para que pueda existir ese beneficio y pueda ser lo mayor posible, la jerarquía de géneros: las mujeres como mano de obra barata. El capitalismo, lejos de ser un sistema neutro sexualmente, fomenta un sistema social patriarcal que veta a la mujer en el plano público para garantizarse una mano de obra con mucha dificultad para articular luchas sindicales que sean reconocidas. Asimismo, el capitalismo se arma mediante el acoso y el abuso sexual para mantener a las trabajadoras atemorizadas, fieles a lo que se espera de ellas en horas extras y cantidad de trabajo porque sino serán llamadas “putas” como inicio de un largo camino de acoso sexual hasta reconducirlas al “camino correcto”, el más eficiente para ellos.

Siguen existiendo las jerarquías de género, sigue existiendo una esfera pública-masculina y una privada-femenina, aunque aquí algunas puedan acceder (no sin dificultades) a ese ámbito público como empresarias, políticas, directoras de bancos, etc. y aunque muchas mujeres trabajen fuera de casa, esto no supone una eliminación de la jerarquía de género. Es decir, que en el caso de las mujeres que somos trabajadoras tenemos que asumir una doble socialización, una doble carga, la explotación del trabajo asalariado y seguir ocupándonos de las tareas de cuidado y reproducción. En el caso de las mujeres de clase alta que acceden a los puestos de poder, la jerarquía sigue sin romperse, sólo se desplaza a otros mundos femeninos. ¿Quién se encarga de la tarea de cuidados cuando una mujer tiene dinero y no se puede ocupar de la misma? ¿Quién pone su vientre en alquiler cuando una mujer tiene dinero y no puede tener hijas, o no quiere estropear su físico? ¿Quién se encarga de esas tareas típicamente femeninas, como la costura, que muchas mujeres no hacen ya, entre otras cosas para que sean más útiles en la rueda producción-consumo? No son hombres, no son ricas, son las mujeres de clase obrera, de distintos países. El patriarcado no es destruido: se vuelve más salvaje a nivel de global; hay mujeres que han conseguido una vida habitable, pero esto sólo es posible en base a la dominación sufrida por otras.

Destruir el patriarcado tiene que ir unido a destruir el capitalismo y el sistema jerárquico, sino el feminismo no será revolucionario ni real, sólo podrá ser un capricho occidental. Anarcofeminismo o barbarie.

Nos vemos en las calles, compañeras.

Mujeres Libres Madrid

NI PATRIARCADO NI ESTADO NI CAPITALISMO

NI AMAS NI ESCLAVAS

El club de la testosterona

machismo

Desde hace tiempo se escucha en la calle que: “El feminismo está acabando con los movimientos sociales”, un mantra que atraviesa la columna vertebral de las organizaciones que luchan como si se tratara de una certeza inalienable de esas que, gracias a ser repetidas mil veces, comienzan a aceptarse como única verdad posible.
Y nos preguntamos cómo un movimiento que defiende la liberación de la mujer y de cualquier otro grupo que esté bajo el yugo del patriarcado y del capitalismo, nuestros dos principales enemigos, puede acabar con la lucha misma contra este par de monstruos que justifican la supremacía de unos pocos por razón de nacimiento.
Y sólo existe una razón: el patriarcado como estructura social de distribución desigual entre hombres y mujeres necesita , para su continuidad, del machismo, que es la actitud de prepotencia de los hombres respecto a las mujeres.
Y el machismo lo ejercen como forma de control patriarcal, los hombres que conviven con nosotras en cualquier espacio, desde el íntimo al político.
Mientras el patriarcado es un ente abstracto cuya crítica no implica nada más allá de un posicionamiento ideológico, acabar con el machismo implica el compromiso personal de todos para acabar con los comportamientos y las maneras de interpretar la realidad que siguen garantizando la buena salud de la que goza el patriarcado. Un trabajo difícil y duro que implica cambiar estructuras emocionales, psicológicas, políticas y sociales muy consolidadas y que forman parte de nuestra configuración como individuos.
Parece que en el ideológico común existe el consenso de ruptura con las estructuras de dominación de un grupo sobre otro, pero cuando se solicita el trabajo individual que suponga ser el agente mismo del cambio, entonces empezamos a tener muchos problemas.

Después de todo, esta liberación y otras, todas las liberaciones del mundo pasan por que el grupo privilegiado abandone su posición y deje de reproducir todos esos comportamientos que en la vida diaria, junto a las leyes que los respaldan y refuerzan, constituyen el grueso de la dominación, para que puedan ser sustituidos por otros que no consientan la superioridad de unos sobre otros.
La negación del grupo de los opresores a introducir estas modificaciones nunca asumida desde ningún argumentario, se oculta tras reacciones defensivas que siempre intentan invalidar la razón principal de la reclamación, de la que no se habla nunca, para pasar a defenderse, desde dos únicas posiciones: el ataque personal y la defensa política, cuando de lo único que se debiera estar tratando es de una reivindicación de género.
Ésta es el único motivo por el que la denuncia de una compañera por violencia machista hacía otro compañero, aún dentro del mismo colectivo, se convierte en una “bola de nieve” cuesta abajo y sin frenos que puede llevarse por delante a toda la organización y que sólo deja de crecer cuando se golpea contra un árbol y destroza a todos los que vamos dentro incluida la propia organización.
La necesidad de disimular que no se entiende la posición anarcofeminista y, lo que es peor, que no se está dispuesto a hacer nada para entenderla, lleva al impulso de combatirla con una saña imposible de entender entre compañeros de militancia.
A la compañera que denuncia se le cuestionará la veracidad de lo que cuenta, las intenciones políticas por las que las cuenta, la estabilidad emocional, la posibilidad de que sea ella la maltratadora, y pasará a ser sospechosa de todo y de nada en realidad.
Será golpeada una y otra vez desde el ajuste de cuentas personal y desde la estrategia política, convirtiendo un maltrato de género en una guerra de dos bandos: uno en defensa de la cuestión de género que se trata en la denuncia, y el otro, que recabará apoyos entre las cuentas pendientes y las imperfecciones de la denunciante para colocar a esta mujer en el altar de los chivos expiatorios de las limitaciones de los machistas que intentan por todos los medios demostrar que “muerto el perro se acabó la rabia”, cómo si la rabia anarcofeminista fuera algo que ellos pudieran entender y gestionar.
Y estos ignorantes prepotentes y sus parejas son, en definitiva, los que desde su incomprensión voluntaria y sus defensas mal intencionadas terminan llevándonos a todos a un enfrentamiento innecesario que dejará malparada o acabará con la organización, desatendiendo a la mujer, protegiendo al maltratador y dejando el tema principal oculto a la vista de todos, estrategias de manipulador machista de libro.
Y es aquí donde aparece la rabia de los machistas, esa que aparece cuando el grupo que siempre ha disfrutado de privilegios, se siente cuestionado y confuso ante una mujer que ha violado una norma de obligado cumplimiento según el patriarcado, como lo es guardar silencio sobre la violencia en la que vive o ha vivido.
La respuesta machista que terminará arañando la cara de la mujer maltratada como metáfora de que la rabia de los oprimidos que exigen dejar de estarlo, nunca está a la altura de la rabia de los deben abandonar su posición de privilegio.
Como toda explicación, habrá una nueva culpabilización de la víctima con un escueto: “la culpa de lo que ha pasado la tienes tú por haber tensado tanto la cuerda”, y una nueva amenaza para “zanjar”, (nunca mejor dicho), el tema: “estás cavando tu propia tumba”…Culpabilización y amenaza que se hace extensible al grupo que la apoya.

Así que se siente, no es el anarcofeminismo el que termina con las organizaciones, es la respuesta rabiosa de los machistas ante lo que entienden, no como una situación injusta contra la que luchar sino como un ataque personal o político, la que acaba con los movimientos.

 

Muerte a los machistas,

¡¡viva la anarquía!!